Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Pero cuando se trata de conmover el corazón y de inflamar las pasiones, es absolutamente distinto. La impresión sucesiva del discurso, que afecta mediante golpes redoblados, os da una emoción muy distinta a la del objeto mismo, que queda visto con una ojeada. Imaginad una situación de dolor perfectamente conocida; al ver a la persona afligida, difícilmente os conmoveréis hasta el llanto, pero dadle tiempo de deciros cuánto siente y pronto os desharéis en lágrimas. Sólo así hacen sentir su efecto las escenas de tragedia[2]. La pantomima sola os dejará casi sin discursos, tranquilos, el discurso sin gestos os arrancará lágrimas. Las pasiones tienen sus gestos, pero también tienen sus acentos: y esos acentos que nos hacen estremecer, esos acentos a los que no puede uno sustraer su órgano, penetran por él hasta el fondo del corazón, llevando ahí, a nuestro pesar, los movimientos mismos que los arrancan, haciéndonos sentir lo que oímos. Concluyamos que los signos visibles vuelven más exacta la imitación, pero que el interés se excita mejor mediante los sonidos.