Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Esto me hace pensar que si nunca hubiésemos tenido otra cosa que necesidades físicas, muy bien habríamos podido no hablar nunca y entendemos a la perfección exclusivamente con la lengua de los gestos. Habríamos podido establecer sociedades poco diferentes de lo que hoy son o que aun se hubiesen encaminado mejor hacia su meta. Habríamos podido instituir leyes, elegir jefes, inventar artes, establecer el comercio y hacer, en una palabra, prácticamente casi tantas cosas como las que hacemos gracias a la ayuda de la palabra. La lengua epistolar de los salamas[3] transmite sin temor de los celosos los secretos de la galantería oriental a través de los harenes mejor guardados. Los mudos del Gran Señor se entienden entre sí y captan todo cuanto se les dice por signos, tan bien como lo que puede decirse por medio del discurso. El señor Pereyre, y quienes, como él, enseñan a los mudos no solamente a hablar sino a saber lo que dicen, están obligados a enseñarles antes una lengua no menos compleja, con cuya ayuda puedan hacerles comprender aquella.