Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Dionisio de Halicarnaso dice que la elevación del tono en el acento agudo y su descenso en el grave eran de un quinto: así el acento prosódico era también musical, sobre todo el circunflejo, donde la voz, luego de haber subido un quinto, bajaba otro quinto sobre la misma sílaba[2]. Por este pasaje y por lo que en él registra el señor Duclos, se ve bastante bien cómo él no reconoce acento musical alguno en nuestra lengua, sino solamente el acento prosódico y el acento vocal. Se añade a eso un acento ortográfico, que no altera en nada la voz ni el sonido ni la cantidad, pero que tan pronto indica una letra suprimida, como el circunflejo, y tan pronto fija el sentido equívoco de un monosílabo, como el acento supuestamente grave que distingue où adverbio de lugar, de ou partícula disyuntiva, y à, tomada como un artículo, de la misma a tomada como un verbo; el acento en cuestión sólo distingue los monosílabos a la vista, nada los distingue en la pronunciación[3]. De ese modo la definición del acento que los franceses han adoptado generalmente no conviene a ninguno de los acentos de su lengua.