Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Adán hablaba; Noé hablaba; concedámoslo. Adán había sido instruido por Dios mismo. Al dividirse, los hijos de Noé abandonaron la agricultura, y la lengua común naufragó con la primera sociedad. Eso habría sucedido incluso cuando no hubiese habido jamás una torre de Babel. Se ha visto en las islas desiertas que los solitarios olvidan su propia lengua. Raramente, después de varias generaciones, los hombres conservan su primera lengua fuera de su país, aun cuando tengan trabajos comunes y vivan en sociedad entre sí.
Desperdigados por el vasto desierto del mundo, los hombres recayeron en la misma estúpida barbarie en que se hubiesen encontrado de haber nacido de la tierra. Siguiendo esas ideas tan naturales es fácil conciliar la autoridad de la Escritura con los monumentos antiguos, y no se ve uno obligado a tratarlas como fábulas tradicionales tan antiguas como los pueblos que nos las legaron.