Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas La industria humana se extiende con las necesidades que la hacen nacer. De los tres modos de vida posibles para el hombre, a saber, la caza, el cuidado de los rebaños y la agricultura, la primera ejercita al cuerpo para la fuerza, la agilidad y la carrera; al alma la ejercita en la valentía y el ingenio: endurece al hombre y lo vuelve feroz. La tierra de los cazadores no es durante mucho tiempo la de la caza[3]. A la caza mayor hay que perseguirla desde lejos; de ahí la equitación. Es preciso alcanzar a esa misma presa que huye; de ahí las armas ligeras, la honda, la flecha, la jabalina. El arte pastoral, padre del reposo y de las pasiones ociosas, es el que menos se basta a sí mismo. Proporciona al hombre, prácticamente sin esfuerzo, la vida y el vestido, le proporciona incluso su morada. Las tiendas de los primeros pastores estaban hechas con la piel de las bestias: el techo del arca y del tabernáculo de Moisés no estaban hechos de otra tela. En cuanto a la agricultura, más lenta en nacer, requiere de todas las artes; introduce la propiedad, el gobierno, las leyes y, gradualmente, la miseria y los crímenes, inseparables para nuestra especie de la ciencia del bien y del mal. En consecuencia, los griegos no sólo consideraban a Triptolemo como el inventor de un arte útil, sino también como un pedagogo y un sabio, al que le debían su primera disciplina y sus primeras leyes. Por el contrario, Moisés parece reprobar la agricultura, atribuyéndole un malvado por inventor y haciendo que Dios rechace sus ofrendas. Se diría que el primer labrador presagiaba en su propio carácter los malos efectos de su arte. El autor del Génesis había visto más lejos que Herodoto.