Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Vivimos inmersos en el estupor ante los efectos prodigiosos de la elocuencia, de la poesía y de la música entre los griegos: esos efectos no se acomodan bien en nuestras cabezas porque hemos dejado de experimentar algo siquiera parecido; y, al verlos tan confirmados, todo lo que podemos llegar a ganar sobre nosotros mismos es fingir que creemos en ellos para complacencia de nuestros sabios[3]. Al traducir como pudo ciertos fragmentos de música griega a la notación de nuestra música, Burette tuvo la simple ocurrencia de hacer ejecutar esos fragmentos en la academia de Bellas Artes; y los académicos tuvieron la paciencia de oírlos. Admiro este experimento en un país cuya música es indescifrable para cualquier otra nación. Dad un monólogo de ópera francesa para que lo ejecuten los músicos extranjeros que gustéis, os desafío a reconocer algo: sin embargo son esos mismos franceses los que pretenden juzgar una oda de Píndaro a la que se puso música hace dos mil años.