Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Hágase la misma pregunta sobre la melodÃa y la respuesta vendrá por sà misma; está por adelantado en los espÃritus de los lectores. Al imitar las inflexiones a la voz, la melodÃa expresa las quejas, los gritos de dolor o de alegrÃa, las amenazas, los gemidos; todos los signos vocales de las pasiones se inscriben dentro de su jurisdicción. Imita los acentos de las lenguas y los giros afectados en cada idioma según ciertos movimientos del alma: no solamente imita, habla; su lenguaje inarticulado pero vivo, ardiente, apasionado, tiene cien veces más energÃa que la palabra misma. He ahà de dónde nace la fuerza de las imitaciones musicales; he ahà de dónde surge el imperio del canto sobre los corazones sensibles. La armonÃa puede contribuir a ello en ciertos sistemas, regulando la sucesión de los sonidos mediante algunas leyes de modulación; volviendo más justas las entonaciones; llevando al oÃdo un testimonio seguro de esa exactitud; aproximando y fijando a intervalos consonantes y ligados inflexiones inapreciables. Pero al proporcionar también obstáculos a la melodÃa, la despoja de energÃa y expresión; desvanece o destruye multitud de sonidos o de intervalos que no entran en su sistema; en resumen, separa de tal modo el canto de la palabra que estos dos lenguajes se combaten, se contrarÃan, se despojan recÃprocamente de todo rasgo de verdad, y no pueden reunirse sin absurdo en un tema patético. De ahà viene que el pueblo encuentre siempre ridÃculo que se expresen cantando las pasiones vigorosas y serias; pues sabe que en nuestras lenguas esas pasiones no tienen en lo absoluto inflexiones musicales, y que los hombres del Norte, a diferencia de los cisnes, no mueren cantando.