Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio —Me habrÃa molestado quitársela —dice d’Albert—: Por algo lleva Thémis una venda; y estaréis de acuerdo en que cuando se trata de juzgar a bonitos seres como estos, debemos tenerla siempre delante de los ojos.
—Le prometo la más absoluta impunidad para su vida —dice Saint-Fond—; puede hacer absolutamente todo lo que quiera, le juro que la protegeré en todos sus extravÃos y que la vengaré, si lo exige la ocasión, de todos aquellos que quieran turbar sus placeres, por muy criminales que puedan ser.
—Le prometo otro tanto —dice d’Albert—; le prometo además para mañana una carta del canciller que la pondrá al abrigo de todas las persecuciones que, por cualquier tribunal, pudiesen intentarse contra ella en todo el territorio de Francia. Pero, Saint-Fond, yo exijo algo más; todo lo que estamos haciendo es absolver el crimen, pero hay que estimularlo: por consiguiente, te pido para ella una pensión de dos mil hasta veinticinco mil francos, en razón del crimen que cometa.
—Juliette —dice Noirceuil—, creo que hay aquà poderosos motivos para que des a tus pasiones toda la amplitud que pueden tener, y para que no nos ocultes ninguno de tus extravÃos. Pero hay que convenir señores —prosiguió mi amante sin darme tiempo a responder que hacéis un uso maravilloso de la autoridad que os han confiado las leyes y el monarca.