El Corsario Negro
El Corsario Negro El fuerte hallábase situado en un punto muy elevado, y los cañones tenÃan campo suficiente para sus disparos, por lo cual destrozaban el bosque con huracanes de metralla, amenazando no dejar vivo ni un solo asaltante.
El Olonés y el Corsario Negro, previendo una resistencia desesperada, se habÃan detenido para aconsejarse.
—¡Vamos a perder demasiada gente! —dijo el Olonés—. ¡Es preciso encontrar un medio para abrir una buena brecha, o de lo contrario, nos aplastan!
—¡No hay más que uno! —exclamó el Corsario.
—¡Habla pronto!
—¡Intentar poner una mina en la parte baja de los bastiones!
—¡Creo que eso es lo mejor! Pero ¿quién va a atreverse a afrontar semejante peligro?
Se volvieron, y vieron a Carmaux, seguido de su inseparable Wan Stiller y del compadre negro.
—¡Ah! ¿Eres tú, bribón? —dijo el Corsario—. ¿Qué haces aqu�
—¡Seguir a usted, comandante! ¡Me ha perdonado usted, y ya no tengo miedo de que me fusilen!
—¡No, no te fusilarán; pero irás a poner la mina y a hacerla saltar!
—¡A sus órdenes, comandante! ¡Dentro de un cuarto de hora abriremos una brecha!
En seguida, volviéndose a sus dos amigos.