El Corsario Negro
El Corsario Negro —Lo creo; mas no espere usted alcanzarle hoy ni mañana. Probablemente, usted no conocerá los bosques de Venezuela; ya verá qué sorpresas se nos preparan.
—¿Quién va a prepararnos esas sorpresas?
—Las fieras y los salvajes.
—¡No nos dan miedo unas ni otros!
—Los caribes son fieros.
—También lo serán con el Gobernador.
—Son aliados suyos, y no de ustedes.
—¿Se hará cubrir la retirada por los salvajes?
—Es probable, capitán.
—¡No me importa! ¡Nunca me dieron cuidado los salvajes!
—¡Mejor para usted! Vamos, caballero; aquà está el bosque grande.
Se cortaba de repente el sendero ante una espesura enorme, verdadera muralla vegetal de colosales troncos, que no ofrecÃa paso posible para jinetes.
Nadie puede formarse idea de la lujuriosa vegetación que produce el suelo húmedo y cálido de las regiones sudamericanas, y especialmente las cuencas de los rÃos gigantescos.