El Corsario Negro
El Corsario Negro Era un hombre de cierta edad y de mediana estatura, como lo son casi todos los indios de Venezuela, de anchas espaldas y hombros musculosos, y de color amarillo rojizo, un tanto obscurecido por el hábito que tienen esos salvajes de frotarse el cuerpo con grasa de pescado o aceite de coco y de oriana para preservarse de las picaduras de ciertos insectos.
Su rostro, redondo y abierto, de expresión más melancólica que feroz, estaba desprovisto de barba, pues aquellos salvajes se depilan; en cambio en la cabeza lucÃa una larga cabellera negrÃsima que despedÃa reflejos azulados.
Como piaye de la tribu, además de una especie de camisa azul llevaba sobre sÃ, una verdadera carga de ornamentos: collares de conchitas, anillos de espinas de pescado pacientemente labrados, brazaletes de hueso y de garras y dientes de jaguar, picos de tucanes, pedazos de cuarzo cristalizado y aros de oro macizo. TenÃa adornada la cabeza con una diadema de largas plumas de papagayo carindé y de ará, y atravesándole la ternilla de la nariz, una gran espina de pescado de tres o cuatro pulgadas.