En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Allá abajo encontraron nuestros maharis un buen lugar donde guarecerse dijo Hassi-el-Biac —. A pesar de que el sitio no es muy a propósito para ellos, se acomodarán a él sin la menor dificultad, pues son muy dóciles e inteligentes.
Y dichas estas palabras bajó de su montura, conservando precavidamente en la mano su largo fusil.
El conde ayudó a Afza a poner pie en tierra, mientras el toscano, que parecÃa tener más disposiciones para ejercer de acróbata que de abogado, daba un magnÃfico salto acompañado de graciosa pirueta.
—Coged a los maharis por la cuerda y descended con cuidado— dijo Hassi.
El descenso al profundo barranco, cubierto de plantas entre las cuales difÃcilmente se abrÃan paso los hombres, empezó. Aunque hubiese llovido abundantemente, reinaba allà un calor sofocante mezclado con exhalaciones pútridas, causadas por la descomposición de animales muertos.
Aquel olor insistente sorprendió a Hassi, quien se detuvo lanzando a su alrededor una mirada inquieta.
—¿La hueles, hijo mÃo? —,preguntó, dirigiéndose al conde.
—Si—respondió el magiar —. Sin duda es carne que se pudre.