En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Aunque la obscuridad era muy profunda, advirtió Enrique dos sombras humanas ocupadas en una misteriosa operación. Al cabo dé algunos minutos oyóse una voz que decÃa:
—¿Será bastante larga?
—Si, llega hasta el fondo.
—Perfectamente. El asunto está arreglado. Hay que avisar a El-Madar cuanto antes, porque si lo dejamos para otro dÃa, quizá nos quedemos sin el botÃn.
Estas palabras pusieron término al diálogo. Enrique no pudo contenerse por más tiempo, y sin esperar a que los beduinos acabaran de alejarse, interrogó al moro:
—¿Has comprendido algo?
—No, setor.
—¿Qué habrá querido, decir el que preguntaba si la cuerda era bastante larga?
—No te lo sabrÃa decir, pero estoy seguro de que esos bandidos intentarán esta noche, alguna sorpresa contra nosotros.
—En tal caso, no nos queda más que levantar el campo y huir lo antes posible. ¿Crees que los maharis podrán resistir?
—Mas de dos horas, no.
—Ven, Aru.