Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Un aullido terrible contestó a la primera descarga; varios remeros cayeron vÃctimas de aquel vendaval de hierro y plomo, mientras otros, más o menos gravemente heridos, batÃanse en el fondo de las embarcaciones lanzando gritos de dolor.
—¡Bravo! —les gritó Tseng-Kai, desde popa—. ¡Fuego, amigo, sobre esos perros!… ¡Ahora yo!
En tanto que Hong y Than-Kiu recargaban la espingarda, y sus compañeros continuaban haciendo fuego de fusilerÃa, imitándoles los camaradas de popa, el viejo chino hacÃa tronar el cañón, tratando de desarbolar los paraos que se apresuraban pretendiendo coger en medio al pobre junco. La lucha se habÃa empeñado por ambos bandos con igual furor.
Los piratas de las chalupas no respondÃan aún, procurando por el momento llegar bajo la tow-meng para saltar a bordo; pero los dos veleros habÃanle enviado con espingardas balas de dos libras, que, ya por la mala calidad de la pólvora ya por el poco picanee de las piezas, no conseguÃan sino escaso resultado. En cambio, el fuego de los asaltados, con sus armas modernas, hacia gran estrago sobre los asaltantes. Las balas de los fusiles sobre todo, dotadas de gran poder penetrante, llegaban hasta los últimos barcos y mataban a veces dos hombres de un golpe.