Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Si el hombre que me engaña fueses tú, ¿qué merecerÃas?
Bunga se puso en pie y miró airadamente al sultán.
—Soy un jefe independiente, y no tu súbdito. Te he recibido como amigo, he puesto a tu disposición mi aldea, te he dejado saquearme: ¿y vienes a amenazarme?
—No he tenido tal intención —repuso con tono irónico—. También yo te considero como mi mejor amigo, y por eso he venido a que me regalaras esos hombres blancos. Hace muchos años que deseo tener esclavos pálidos, de los de piel blanca y cristianos.
—Pues tendrás que buscarlos, porque ya no están aquÃ.
—¿Me dirás, al menos, hacia dónde se han fugado?
—Hacia el Bacat.
—Está bien —replicó el monarca con acento amenazador—. Los cogeremos, y haré cortar la cabeza al hombre que me haya engañado.
—¿Te refieres a m� ¿Es una nueva amenaza?
—¡No, no! ¡A ti no; al otro! —dijo con sonrisa de tigre—. ¡Tú eres mi amigo!
—Asà es —repuso el jefe con sonrisa enigmática—. Nosotros saldaremos nuestras cuentas y consolidaremos nuestra amistad con el banquete de esta noche.
—¿Esta noche va a ser?