Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Quizá más que nadie —repuso el chino, cuya voz vibraba amargo desconsuelo—. ¡Y le amas aún! —prosiguió con súbita violencia—. ¡Le amas aún, no obstante haber destruido tus sueños y haber costado la vida al hombre más valiente de la raza amarilla, a tu hermano Hang!
—Calla, Hong; te lo suplico —murmuró la joven con angustia.
—Sea, puesto que lo quieres; pero cuenta que no te sea fatal el encontrar a Romero, porque si murieses… juro por Fo y Confucio que le mataré a él, y también a la doncella blanca.