La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¿El cuerno otra vez? ¡Oh…! El asunto empieza a ponerse serio.
Se volvió hacia el soldado que miraba por una aspillera próxima, y le dijo:
—Hay que decidirse, amigo.
—¿Qué queréis decir? —preguntó el español.
—Que es preciso atrincherarse antes de que los bribones de los insurgentes penetren en la torre.
El soldado lo miró sin responder.
—¿Me habéis oÃdo? —preguntó Córdoba, impaciente.
—SÃ, teniente.
—Vamos, pues, y apresurémonos.
—SÃ, vamos, que quiero visitarlas casamatas.
—Dejémoslas, amigo mÃo. No creo que sean defendibles.
—Es verdad; sin embargo todavÃa espero encontrar un medio de escapar.
—¿De qué modo?
—He oÃdo contar a un voluntario que hizo la campaña de los diez años, que una vez huyó de este fortÃn, ante las narices de los rebeldes que lo cercaban estrechamente.
—La historia puede que sea interesante, pero ya me la contaréis más tarde.
—Se trata de una galerÃa, señor.