La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —El pasadizo está muy estropeado —dijo levantando la extraña antorcha para, ver mejor—. El techo está ruinoso y amenaza caernos encima.
—Démonos prisa, Córdoba —dijo la marquesa—. Ya no se oyen más disparos.
—Estarán cercándonos; ¡adelante, a paso de marcha!
El lobo de mar, llevando en alto la cuerda encendida se puso en camino con paso rápido, cortando las raĂces que de vez en cuando atravesaban la galerĂa y saltando sobre los montones de escombros que entorpecĂan el paso.
Durante otro cuarto de hora la patrulla continuĂł la fuga a travĂ©s de la larguĂsima galerĂa que debĂa ya entonces serpentear bajo el bosque, despuĂ©s CĂłrdoba se parĂł cuando una rápida corriente de aire apagĂł sĂşbitamente la antorcha.
—Estamos cerca de la salida —dijo el lobo de mar.
—¿Se ve la luz? —preguntó la marquesa.
—TodavĂa no; quizá la galerĂa describe una curva.
—Apresuremos el paso, Córdoba. Quizá podamos salir antes de que los rebeldes se den cuenta de nuestra fuga.