La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¡Partamos! ¡Partamos!
—¡Silencio! —gritó Córdoba—. ¡Maquinista!
El jefe de máquinas acudió inmediatamente.
—¿Cuánto tiempo se necesita para tener la presión máxima?
—Una hora, teniente.
—¡Daos prisa! ¡Iremos a toda máquina!
Después, volviéndose a Colón, repuso:
—¿Dónde está el villano de del Monte?
—En un camarote de popa, custodiado por dos hombres —respondió el maestro.
—Llévame hasta él.
—¿He hecho mal en encerrarlo?
—Debiste colgarlo, Colón —respondió Córdoba—. Ha sido él quien nos ha traicionado.
—Lo sospeché; seguidme, señor.
Mientras el maquinista y los fogoneros se precipitaban al cuarto de máquinas y la pequeña ballenera volvÃa para embarcar a los marineros que habÃan quedado entre los manglares, Córdoba y maestro Colón bajaban al espejo de popa, parándose frente a un camarote guardado por dos marineros armados con fusil.
El maestro abrió la puerta e introdujo al teniente en un cuartito deudos metros cuadrados, provisto solamente de un camastro y una silla.