La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¿Qué habéis dicho, señor? —preguntó el mulato frunciendo el ceño.
—DecÃa que en San Felipe deben habitar antropófagos —respondió Córdoba.
—¿Queréis decir insurgentes, buenos patriotas?
—Puede ser.
—Entonces vos me diréis si sois uno de los nuestros o un amigo de los españoles.
—¿Y si fuera un español? —preguntó Córdoba, con creciente ironÃa.
—En ese caso os aconsejarÃa que os marcharais inmediatamente si queréis conservar la piel. Aquà la bandera de España no ondea ya.
—Lo sé y ésta es la causa por la que he desembarcado.
—¿De dónde venÃs?
—De la bahÃa de Cortés.
—¿Y qué deseáis?
—Saber antes que nada si mi amigo Pardo ha maridado a Puaymo una mujer que debe ser entregada a una nave americana.
El mulato miró a Córdoba con sorpresa y después dijo:
—SÃ, una hermosa señora acompañada por cuatro robustos marineros y un capitán español.
—¿Cuándo ha llegado aquÃ? —preguntó el teniente, esforzándose por ocultar su alegrÃa.