La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Un suspiro de satisfacción salió de todos los pechos, ya que ahora tenÃan la convicción de atravesar felizmente el estrecho y encontrarse pronto frente al cabo San Antonio.
Ya la marquesa se congratulaba y estaba a punto de dar la orden de preparar la comida, cuando Córdoba, que habÃa subido al palo mayor, lanzó, como una ducha helada, estas breves palabras que debÃan tener un significado desastroso:
—¡Crucero a la vista!
Oyendo estas palabras, una rápida palidez habÃa descolorido las mejillas de la marquesa, pero con la misma rapidez desapareció, mientras una viva inquietud invadÃa a la tripulación.
La imprevista aparición de aquel barco, cuando ya todos lo creÃan alejado y estaban casi seguros de alcanzar Cuba sin otros encuentros, no podÃa ciertamente producir buena impresión, incluso entre personas decididas y que habÃan hecho don de su vida a la patria, tanto más porque en aquel momento el yate se encontraba completamente privado de sus medios de defensa.
La marquesa, sin embargo, habÃa recuperado rápidamente su extraordinaria sangre frÃa y su audacia.
—¡Ah! ¿Es as� —dijo ella—. Está bien, nos encontrarán preparados.
Después preguntó a Córdoba:
—¿Es el crucero de ayer tarde?