Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Ese audaz pirata se ha enamorado de la sobrina del lord, un bocadito que está reservado al baronet Rosenthal, asà que imagÃnate si el hombre estará tranquilo. Seguro que intentó raptarla esta noche.
—¿Y cómo pudo desembarcar sin ser descubierto?
—Se aprovecharÃa del huracán. Se dice que hay paraos a lo largo de las costas de nuestra isla.
—¡Qué temeridad! No he visto nunca nada igual.
—Pero esta vez no se escapará. No hay que olvidar que son mil libras esterlinas si lo matamos.
—¡Bonita suma! —dijo sonriendo Yáñez—. Lord James te valúa en mucho dinero, hermanito.
—Espero ganarlo —contestó Sandokán.
Se irguió y miró hacia el parque. Los soldados habÃan perdido el rastro de los fugitivos y buscaban a la ventura.
—Por ahora no tenemos nada que temer de ellos —dijo el pirata—. Nos esconderemos en el parque. —¿Dónde?
—Ven conmigo, Yáñez. Me has dicho que no cometa locuras, y quiero demostrarte que soy prudente. Ven, te conduciré a un lugar seguro.
Se alejaron.