Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro LA TOMA DE MARACAIBO
Las veinticuatro horas transcurrieron sin que llegase noticia alguna a la flota filibustera, que no habĂa abandonado su fondeadero, y —lo que era peor— tampoco la chalupa habĂa vuelto, a pesar de que el mar seguĂa sereno y en calma y el viento no habĂa dejado de soplar.
Una profunda emociĂłn se habĂa apoderado de los quinientos corsarios que tripulaban la escuadra, pues temĂan que los españoles de Maracaibo no hubiesen respetado la bandera blanca enarbolada por la chalupa, cosa que ya en otras ocasiones habĂa sucedido, y de lo cual no debĂan extrañarse, por estar fuera de la ley, a pesar de haber imaginado pasar por corsarios.
Hasta Morgan, de ordinario tan impasible, comenzaba a dar indubitables señales de viva irritación paseando por la cubierta con agitado paso y ensombrecida frente.
Carmaux y Wan Stiller estaban literalmente furiosos.
—¡Los han cogido y los han ahorcado! —repetĂa el primero—. ¡No respetan ni a nuestros parlamentarios! ¡Sin embargo, somos beligerantes patentados, ya que España está en guerra con Francia e Inglaterra!
—¡El capitán los vengará, amigo Carmaux! —contestaba el hamburgués.