La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Si alguien piensa que esta condenación es excesiva o injusta, muestra bien claro que no sabe apreciar la enormidad de la maldad al pecar cuando tal era la facilidad de evitar el pecado. Así como merecidamente se pregona la gran obediencia de Abrahán99, pues se le había mandado una cosa tan difícil como lo es dar muerte a su hijo; de la misma manera, tanto mayor fue la desobediencia en el Paraíso cuanto no había dificultad alguna en lo que se mandaba. Y como la obediencia del segundo fue más digna de ser celebrada, porque fue obediente hasta la muerte100, así la desobediencia del primero fue tanto más detestable cuanto que se hizo desobediente hasta la muerte. Cuando se intima un gran castigo a la desobediencia y lo mandado por el Creador es fácil, ¿quién puede describir cumplidamente la gravedad de la desobediencia en cosa tan fácil mandada por potestad tan soberana y que amenaza con castigo tan grande?