La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Así, David, dándose cuenta de esto, dice en el segundo libro de los Reyes, del cual hemos pasado a este salmo: Has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro;añadiendo por eso poco después: Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo para que esté siempre en tu presencia78; y lo que sigue. Porque entonces había de engendrar un hijo cuya descendencia se prolongaría hasta Cristo, mediante el cual su casa había de ser eterna y a la vez casa de Dios. Casa de David por el linaje de David; y la casa misma, casa de Dios, por el templo de Dios: templo hecho de hombres, no de piedras, donde habite para siempre el pueblo con su Dios y en su Dios, y Dios con su pueblo y en medio de su pueblo; de tal suerte que Dios llene a su pueblo, y el pueblo esté lleno de Dios, cuando Dios sea todo para todos79: el premio en la paz, el mismo que es la fuerza en la guerra.