La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Si ello es así, ¿cómo van a ser arrancados de la eternidad de este castigo todos o algunos de los hombres tras un espacio de tiempo, todo lo prolongado que se quiera, sin que al punto quede desvirtuada la fe por la que creemos que habrá un eterno suplicio para los demonios? Si a los mismos a quienes se dice: Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles49, sean todos o sean parte, no van a estar allí siempre, ¿qué razón hay para seguir creyendo que el diablo y sus ángeles sí permanecerán eternamente? ¿Es que acaso la sentencia de Dios, dictada contra los malos, ángeles y hombres, ha de ser verdadera para los primeros y falsa para los segundos? Así sería, ni más ni menos, si a lo que damos valor no es a la palabra de Dios, sino a las conjeturas de los hombres. Pero, dado que esto no puede ser así, procuren quienes desean escapar del eterno suplicio, más que esgrimir argumentos contra Dios, acatar sus preceptos mientras todavía es tiempo.