La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Paso por alto otras cosas, y sólo voy a tratar de lo que, según él, tienen los demonios común con nosotros, es decir, las pasiones del ánimo. Si todos los cuatro elementos están llenos de sus vivientes, de inmortales el fuego y el aire, de mortales el agua y la tierra, ¿por qué los ánimos de los demonios se ven agitados por los desórdenes y tempestades de las pasiones? Pues la perturbación es lo que en griego se llamaπάθος; por ello, él quiso llamar a los demonios pasivos en cuanto al ánimo, ya que la palabra pasión, que procede de πάθος, indicaría el movimiento del alma en contra de la razón. ¿Cómo, pues, existen en los ánimos de los demonios estas pasiones que no existen en los brutos? En efecto, si algo semejante aparece en el bruto, no es tal perturbación, ya que no es contra la razón, de la que carecen los brutos.