El anticuario
El anticuario —Jenny está calentando tu cama, Monkbarns, y seguramente querrás esperar a que termine. Bueno, estaba contando la búsqueda de nuestro abuelo con ayuda del viejo Rab Tull, pero que me lleve el diablo si consiguieron lo que querÃan. Y asÃ, después de vaciar un montón de bolsos de cuero llenos de papeles, el secretario necesitó un vaso de ponche para limpiarse el polvo de la garganta… Nunca hemos sido grandes bebedores en esta casa, señor Lovel, pero el tipo tenÃa la costumbre de beber con los concejales y con los diáconos, algo que ocurrÃa casi todas las noches, al reunirse para discutir sobre el bien común del municipio, y no podÃa dormir bien sin beber. Asà que se tomó el ponche, se fue a la cama y en mitad de la noche se despertó aterrorizado. Nunca volvió a ser el mismo, y la parálisis mortal que le sacudió aquella noche le persiguió durante años. Creyó oÃr señor Lovel, cómo corrÃan las cortinas, por lo que el pobre hombre fue a mirar creyendo que era el gato. Pero vio… Dios nos asista, me dan escalofrÃos aunque haya contado esta historia veinte veces… Vio a un caballero bastante viejo de pie junto a su cama, bajo la luz de la luna, vestido con extraños ropajes, con muchos botones y una banda, y esa parte de su traje que una mujer no sabe describir estaba llena de pliegues a lo largo y a lo ancho, como si fuera un capitán de Hamburgo. Además llevaba barba y patillas que apuntaban hacia arriba, hacia su labio superior, como los de un gato. Rab Tull contaba muchos más detalles que se me han olvidado ya… Es una historia muy antigua. Pues bien, Rab, que era un hombre valiente para ser un secretario de provincias, tenÃa menos miedo de lo que cabrÃa esperar, asà que le preguntó a la aparición qué querÃa. Y el espÃritu contestó en una lengua desconocida. Entonces Rab probó en gaélico, ya que habÃa pasado la infancia en Braes of Glenlivat, pero tampoco consiguió nada. Llegados a este punto intentó decir las dos o tres palabras que sabÃa de latÃn por hacer las escrituras municipales; en cuanto se dirigió al espectro en esta lengua, éste le soltó parrafadas enteras en latÃn; el pobre Rab Tull, que no era muy erudito, se sintió completamente abrumado. Es raro, pero el tipo recordó una palabra latina de las que le estaba diciendo. Al parecer el fantasma gritaba algo asà como carter, carter…