El anticuario
El anticuario «No pensará —se dijo a sà mismo— que por el servicio accidental que les he ofrecido tanto a su padre como a ella pretendo inmiscuirme en su familia, de la que no me considera digno. No volveré a verla. Volveré a mi tierra, donde hallaré mujeres igual de bellas y menos altivas que la señorita Wardour. Mañana me despediré de estas costas septentrionales y de esta mujer, tan frÃa e implacable como su clima.»
Después de meditar un tiempo esta dura decisión, el cansancio se apoderó de él y, a pesar de la ira, la duda y la ansiedad, se durmió.