El anticuario
El anticuario —Maldito diablo —interrumpió Oldbuck—, ¿qué clase de condición es ésa? Les aseguro que eso me recuerda a nuestro viejo pastor, el cual, como buen petimetre que es, decidió brindar por los deseos de mi hermana, aunque consideró necesario añadir la cláusula salvÃfica «Siempre y cuando, señora, sean virtuosos». Bueno, dejemos ya estas tonterÃas. Estoy seguro de que sir Arthur nos recibirá cualquier otro dÃa. ¿Qué noticias tenemos de los reinos de la oscuridad subterránea y las esperanzas de aire? ¿Qué dice el oscuro espÃritu de la mina? ¿Ha recibido sir Arthur alguna buena noticia de su aventura en Glen-Withershins?
La señorita Wardour negó con la cabeza.
—Me temo que nada nuevo, señor Oldbuck; pero ahà hay algunas muestras que le han enviado hace poco.
—Ah, mis pobres cien libras, las que sir Arthur consiguió que le diera como participación en el esperanzado plan, con ellas podrÃa haber comprado un saco de muestras. Pero déjeme verlas.
Dicho esto, se sentó en la mesa del rincón sobre la que estaban las muestras y procedió a examinarlas, refunfuñando y murmurando cada vez que levantaba y separaba una.
Mientras tanto, Lovel, obligado por el alejamiento de Oldbuck a tener un tête-à -tête con la señorita Wardour, aprovechó la ocasión para hablar con ella en un tono bajo e ininterrumpido: