El anticuario
El anticuario —Alto, Monkbarns, no se ponga asà con el muchacho —dijo el mendigo—, piense que el carnicero se juega su animal y la madre a su hijo, y estoy seguro de que diez chelines y seis peniques no son para tanto. No se puso asà cuando Johnie Howie…
Lovel, que estaba sentado en el supuesto prætorium, echó un vistazo a la carta y puso fin a la discusión pagando lo que Davie pedÃa. Después se volvió hacia el señor Oldbuck con una mirada inquieta y se excusó por no volver con él aquella tarde a Monkbarns.
—Debo ir de inmediato a Fairport y quizá tenga que marcharme de allà sin dilación. No olvidaré su amabilidad, señor Oldbuck.
—Espero que no se trate de malas noticias —dijo el anticuario.
—Es difÃcil de explicar —contestó su amigo—. ¡Hasta pronto! Para bien o para mal, no olvidaré sus atenciones.
—No, no, espere un momento. Si… si… —haciendo un esfuerzo, continuó—. Si hay algún inconveniente pecuniario, tengo cincuenta, incluso cien guineas a su disposición hasta el domingo de Pentecostés. O cuando las necesite.
—Se lo agradezco mucho, señor Oldbuck, pero tengo bastante. Disculpe, no puedo seguir hablando ahora. Le escribiré o le veré antes de abandonar Fairport, si es que me veo obligado a hacerlo.