El anticuario
El anticuario Dicho esto, dio un caluroso apretón de manos al anticuario, se dio la vuelta y se fue andando rápidamente a la ciudad sin añadir nada más.
—Es de lo más extraordinario —dijo Oldbuck—, y aunque hay algo en este joven que no logro entender, no imagino nada malo en él. Tengo que volver a casa y apagar el fuego de la Habitación Verde, ya que las mujeres de la casa no se atreverÃan a entrar después de la caÃda del sol.
—Y ¿quién me lleva a casa? —balbució el cartero desconsolado.
—Hace buena noche —dijo el casaca azul mirando el cielo—. Yo volveré a la ciudad y cuidaré del niño.
—Hazlo, Edie, hazlo —añadió el anticuario rebuscando en el enorme bolsillo de su abrigo hasta encontrar el objeto que buscaba—. Aquà tienes seis peniques para rapé.