El anticuario
El anticuario Estoy como hechizado en la sociedad de este bribón. Que me cuelguen, si el canalla no me ha dado drogas para que lo quiera, no puede ser de otra forma: he bebido drogas.
Primera parte de Enrique IV[136]
Durante quince días fueron frecuentes las preguntas del anticuario al veterano Caxon sobre la situación del señor Lovel; e igual de frecuentes fueron las respuestas de Caxon, «que en la ciudad no se sabía nada de él, excepto que había recibido una o dos cartas del sur bastante grandes, y que nunca se le veía por las calles».
—¿Cómo vive, Caxon?
—Oh, la señora Hadoway le prepara un filete de ternera o una chuleta de cordero, o le hace algún caldo de pollo Friar[137], o lo que ella quiera, y él se lo come en la salita roja de al lado de su habitación. No consigue que él le diga qué prefiere; y le prepara té por la mañana, y él paga religiosamente cada semana.
—Pero ¿nunca sale?
