El anticuario
El anticuario Rancias baratijas tenía a mansalva,
oxidados sacos de hierro y resplandecientes chaquetas
que apuntalan Lothian con tres clavos
un año entero,
y perdigones y viejas tachuelas
como para sujetar mareas.
ROBERT BURNS
Tras instalarse en su nueva habitación en Fairport, el señor Lovel pensó que debía ir a visitar a su compañero de viaje. No lo había hecho antes porque, a pesar del buen humor y disposición del anciano caballero, había atisbado en su lenguaje y actitud cierto aire de superioridad, algo que le parecía que iba más allá de lo que la diferencia de edad justificaba. Por tanto, esperó a que llegara su equipaje de Edimburgo para poder vestirse según la moda del momento y que su apariencia exterior se correspondiera con el rango social que suponía o sentía que debía representar.
