El anticuario
El anticuario —¡De veras! ¡Eso es aún más extraordinario! Pues aunque no servà con el general sir…, tuve sin embargo la oportunidad de conocer los nombres de los oficiales que ocupaban cargos en su división, y no recuerdo el de Lovel.
Tras esta observación, Lovel, volvió a ruborizarse tan intensamente que atrajo la atención de todos, mientras que una risa desdeñosa pareció indicar el triunfo del capitán MacIntyre.
«Hay algo extraño en todo esto —dijo Oldbuck para s×, pero no daré por perdido al fénix de los compañeros de carruaje; todos sus actos, lenguaje y comportamiento son los de un caballero.»
Lovel, mientras tanto, habÃa sacado su cartera y, seleccionando una carta, cuyo sobre retiró, se la tendió a MacIntyre.
—Conoce usted la letra del general, con toda probabilidad. Confieso que no deberÃa mostrar estas exageradas expresiones de la consideración y aprecio que me profesa.
La carta incluÃa un hermoso elogio del oficial en cuestión por algún servicio militar realizado hacÃa poco. El capitán MacIntyre, al echar un vistazo, no pudo negar que estaba escrito por la mano del general, pero observó secamente que faltaba la dirección.