El anticuario
El anticuario —¿Qué te ocurre? —dijo el anticuario—. ¿Por qué cabalgas de un lado a otro como si te fuera la vida en ello? ¿Por qué no vas al paso con el carruaje?
—Olvidé mi guante, señor —dijo Hector.
—¡Que olvidaste el guante! Supongo que quieres decir que fuiste a arrojarlo. Pero ya me ocuparé de ti, joven caballero. Volverás conmigo esta noche a Monkbarns.
Y, diciendo esto, dio al postillón la orden de continuar.