El anticuario
El anticuario HabÃa algo en la actitud determinada e independiente, el intrépido sentimiento, y la abrupta y masculina elocución del anciano que afectó a los presentes, y particularmente a los testigos, cuyo orgullo no tenÃa el menor interés en poner un fin sangriento a la disputa, y que, por el contrario, buscaban con impaciencia una oportunidad para alcanzar una reconciliación.
—Palabra, señor Lesley —dijo Taffril—, que el viejo Adán se expresa como un oráculo. Nuestros amigos estaban muy enfadados ayer, y por supuesto aturdidos; hoy deberÃan estar tranquilos, o al menos nosotros debemos estarlo en su lugar. Creo que ambas partes tendrÃan que olvidar y perdonar, y todos tendrÃamos que estrecharnos las manos, lanzar esos imprudentes cohetes e irnos a cenar todos juntos al Graeme’s Arm.
—Yo lo recomendarÃa de todo corazón —añadió Lesley—; pues, aparte de una gran cantidad de fervor e irritación por ambas partes, me confieso incapaz de entrever algún motivo racional de pelea.