El anticuario

El anticuario

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se dio la seña fatal, y dispararon casi al mismo tiempo. La bala del capitán MacIntyre rozó el costado de su adversario, pero no le hizo sangrar. La de Lovel estuvo más cercana a su objetivo; MacIntyre se tambaleó y cayó. Apoyándose sobre el brazo, su primera exclamación fue:

—No es nada, no es nada, dennos las otras pistolas. —Pero en breve dijo—: Creo que basta; y lo que es peor, creo que me lo merezco. Señor Lovel, o cualquiera que sea su nombre, huya y sálvese. Llévese a los testigos, yo soy el causante de este asunto. —E, incorporándose de nuevo sobre su brazo, añadió—: Deme la mano, Lovel, creo que es usted un caballero. Perdone mis malos modales, y yo le perdono mi muerte. ¡Mi pobre hermana!

El cirujano apareció para desempeñar su papel en la tragedia, y Lovel se quedó mirando el mal del que había sido causa activa, aunque involuntaria, con ojos extraviados y perplejos. Lo despertó de su trance una sacudida del mendigo.

—¿Por qué se queda contemplando su hazaña? Lo que está condenado está condenado; a lo hecho, pecho. Pero márchese, márchese si quiere salvar su joven sangre de una muerte vergonzosa; por allí ya vienen a buscarlo. Pero ¡márchese, por Dios! Que vienen, se acercan, para llevarlo a prisión.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker