El anticuario
El anticuario —Veamos, buen señorr Edie —susurró Dousterswivel, en un tono de súplica—, ¿es éste el momento y el lugarr de hacerr tales prreguntas?
—Lo es, tanto el momento como el lugar, señor Dousterspala; pues puedo decirle con seguridad que hay testimonios de que el viejo Misticot anda. Ésta podrÃa no ser la mejor noche para encontrarse con él, y ¿quién sabe si le gustará nuestra visita a su tumba de noche?
—Alle guten Geister[208] —susurró el adepto, y el resto del conjuro se perdió en el tembloroso gorjeo de su voz—, le ruego que no hable de ese modo, señorr Edie; pues, después de lo que oà la otrra noche, crreo, y mucho…
—Pues yo —dijo Ochiltree mientras entraba en el baptisterio y hacÃa un gesto de desafÃo con el brazo— me quedarÃa igual si lo viera aparecer en este momento; no es más que un espÃritu incorpóreo, como nosotros corpóreos.
—Porr amorr de Dios —dijo Dousterswivel—, no hable de cuerrpos, sea con alma o sin ella.
—Bien —dijo el vagabundo mientras alumbraba con el farol—, ahà está la piedra, y, con o sin espÃritu, voy a cavar un poco más en la tumba.