El anticuario
El anticuario —Menuda noche ha pasado, señor Steenie —dijo Jenny Rintherout, que, impaciente ante tanto tiempo de indiferencia, se dirigÃa ahora al joven pescador—. Menuda noche que ha pasado, vagando por ahà con mendigos, y perseguido por demonios, cuando tendrÃa que estar usted durmiendo en la cama, como su padre, que es un hombre honrado.
Este ataque le valió una respuesta en el mismo tono de rústico sarcasmo por parte del joven pescador; después éste concentró sus energÃas en las tortas y el pescado ahumado, con la persistente ayuda de una jarra de cerveza y de una botella de ginebra. El mendigo se retiró entonces al pajar de la cabaña vecina, los niños se habÃan ido uno a uno a sus nidos, la vieja abuela fue depositada en su lecho de broza y Steenie, pese a su anterior cansancio, tuvo la galanterÃa de acompañar a la señorita Rintherout a su propia casa, y la historia no cuenta a qué hora volvió. Y, por último, la matrona de la familia, después de añadir carbón para que el fuego no se apagara, y poner algo de orden, se retiró a descansar.