El anticuario
El anticuario —Buen hombre —le dijo a Ochiltree—, si quiere ganarse la gloria, lleve mi mensaje a la casa de Glenallan, y pregunte por el conde.
—¡El conde de Glenallan, comadre! Ni siquiera recibe a los gentiles de la provincia, ¿cómo va a querer recibir a un viejo mendigo?
—Vaya e inténtelo; y dÃgale que Elspeth de Craigburnfoot (me recordará mejor por ese nombre) quiere verlo antes de emprender su último viaje, y que le envÃa este anillo en prenda del asunto del que quiere hablarle.
Ochiltree miró el anillo con cierta admiración por su aparente valor, y después, tras ponerlo de nuevo en la caja y envolverlo en un viejo pañuelo rasgado, guardó la prenda en su pecho.
—Bien, mujer —dijo—, intentaré lo que me pide; por mà que no quede. Pero desde luego, nunca se vio que una anciana pescadora hiciera presente tan espléndido a un conde, y por medio de un viejo vagabundo.