El anticuario

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Cuando Edie Ochiltree se acercaba a la fachada de la casa Glenallan, edificio antiguo de gran extensión, cuya parte más moderna había sido diseñada por el celebrado arquitecto Iñigo Jones, empezó a considerar de qué modo le sería más fácil llegar a dar su mensaje; y, tras mucha deliberación, resolvió enviar la prenda al conde por medio de uno de sus criados.

Con este fin hizo parada en una cabaña, donde obtuvo los medios para envolver el anillo en un paquete sellado, en el que escribió: «A su hexselencia el conde Glenllan, esto». Pero, consciente de que las misivas que las personas como él entregan en la puerta de las mansiones no siempre llegan a su destino, Edie determinó, como viejo soldado que era, hacer una vuelta de reconocimiento por el campo de batalla antes de emprender el ataque final. Mientras se acercaba a la choza del guarda, descubrió, por el número de pobres, indigentes del vecindario y otros mendigos errantes que hacían cola delante de ella, que iba a efectuarse un reparto o distribución de caridad.

«Una buena acción —se dijo Edie— nunca queda sin recompensa. Quizá consiga una buena limosna que me habría perdido de no haber aceptado el encargo de la anciana.»


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