El anticuario
El anticuario De este modo, se unió a las filas del andrajoso regimiento, buscando la posición más cercana al frente, una distinción que merecía, en su opinión, tanto por su casaca azul y su distintivo como por sus años y experiencia; pero pronto le informaron de que había otro criterio de prioridad en la asamblea del que no había sido advertido.
—¿Es usted de los triples, amigo, para empujar tanto? Creo que no, porque no hay católicos con ese distintivo.
—No, no, no soy católico —dijo Edie.
—Entonces vaya allí con los de doble o simple, los episcopalianos o presbiterianos; es una pena ver a un hereje con una barba tan larga que parece un eremita.
Ochiltree, expulsado de esta suerte de la compañía de los mendigos católicos, o de los que así se llamaban, fue a colocarse con los pobres de la comunión de la Iglesia de Inglaterra, a quienes el noble hacía un donativo doble de caridad. Pero nunca fue un pobre conformista ocasional[216] tan rudamente rechazado por la congregación de la Alta Iglesia[217], ni siquiera en los tiempos de la reina Ana, en los que el asunto traía mucha cola.
—¡Miren a ese del distintivo! —dijeron—. Escucha los sermones de los capellanes presbiterianos el día del nacimiento del rey, y ahora quería hacerse pasar por episcopaliano. ¡No, no! ¡No lo permitiremos!