El anticuario
El anticuario »Pero ¿para qué te contaré estas cosas a ti? El pobre Lovel me ha malcriado, me ha acostumbrado a hablar en alto, cuando en verdad es casi igual que hablar conmigo mismo. ¿Dónde está mi sobrino, Hector MacIntyre?
—Está en la sala, señor, con las damas.
—Muy bien —dijo el anticuario—. Me dispongo, pues, a ir hacia allá.
—Por favor, Monkbarns —dijo su hermana en cuanto entró en la sala—, no vayas a enfadarte ahora.
—¡Mi querido tÃo! —comenzó a decir la señorita MacIntyre.
—¿Qué significa todo esto? —dijo Oldbuck, alarmado por la inminencia de alguna mala noticia, a juzgar por el tono suplicante de las damas, igual que una fortaleza se dispone a atacar al oÃr la primera floritura—. ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué hacéis alusión a mi paciencia?
—Por nada en particular, espero, señor —dijo Hector, sentado a la mesa del desayuno con el brazo en cabestrillo—; sin embargo, sea lo que fuere, soy yo quien debe responder, ya que son muchas las inconveniencias que he causado y por las que nada tengo que ofrecer a excepción de mi gratitud.