El anticuario
El anticuario Mire, Lovel, mire
¡mire el enorme ejército desplazándose desde las montañas,
sus doradas armaduras brillan como escamas de dragón;
su paso es como una tormenta. Mírelos, obsérvelos
y luego pierda Roma de vista!
»Sí, querido amigo, probablemente desde aquí, bueno, más bien con toda seguridad, Julio Agrícola observó lo que Beaumont tan admirablemente nos describió. Desde este mismísimo prætorium…
Detrás de ellos sonó una voz que interrumpió esta extática descripción:
—Pretoriano esto, pretoriano aquello, pero yo recuerdo cuándo se construyó.