El anticuario
El anticuario En este momento, el conde de Glenallan repitió sus palabras con un rugido tan penetrante que casi arranca el tejado de la cabaña.
—¡Ah! Entonces Eveline Neville y yo no éramos…
—¿Hermanos, supongo que quiere decir, por parte de padre? —prosiguió Elspeth—. No, para su tormento o alivio, debe saber la verdad, ella no era más hermana de usted de lo que yo pudiera serlo.
—¡Mujer, no me engañe! No me obligue a mancillar la memoria de la madre a quien tan recientemente he visto enterrar, por tomar parte en la trama más cruel e infernal que…
—Reflexione un momento, lord Geraldin, está mancillando la memoria de un progenitor fallecido, ¿no hay ningún otro Glenallan con vida cuyos errores hayan conducido a esta terrible catástrofe?
—¿Se refiere a mi hermano? Él también falleció —dijo el conde.