El anticuario
El anticuario —No —respondió la sibila—. Me refiero a usted, lord Geraldin. De no haber transgredido la obediencia de un hijo al casarse en secreto con Eveline Neville con un testigo en Knockwinnock, nuestra trama tal vez los habrÃa separado por un tiempo, pero al menos sus penas no se habrÃan ulcerado. Fueron sus propios actos, en cambio, los que pusieron el veneno en el arma que nosotras arrojamos y, si la atravesó con mayor fuerza, fue porque usted se abalanzó sobre ella. Si su matrimonio hubiese sido un acto anunciado y público, nuestra estratagema de poner un obstáculo en su camino no habrÃa ido a mayores, ni habrÃa jugado en su contra.
—¡Oh, cielos! —dijo el infortunado noble—. Es como si me hubiesen quitado una venda de los ojos. SÃ, ahora entiendo las dudosas insinuaciones de consuelo de mi desgraciada madre, vertidas para impugnar indirectamente la prueba de los horrores, de los que, con sus malas artes, me hizo creer culpable.