El anticuario
El anticuario —Ahorcado o ahogado, aquà o allÃ, vivo o muerto, recuerdo cuándo se construyó.
—Pero… tú… —exclamó el anticuario tartamudeando de confusión y rabia—. Viejo vagabundo, ¿qué diablos sabrás tú de esto?
—Pues sà que sé, Monkbarns. ¿Qué beneficio iba a sacar mintiendo? Lo que sé es que, hace unos veinte años, varios mendigos como yo, los albañiles que construÃan la acequia que baja por el prado, dos o tres pastores y yo nos pusimos manos a la obra y construimos esta cosa que usted llama el… el… pretoriano. No fue más que un refugio para la boda del viejo Aiken Drum y bien a gusto que estuvimos con toda la lluvia que cayó. Créame, Monkbarns, si excava el montÃculo, y parece que ya ha empezado, encontrará, si es que todavÃa no lo ha encontrado, una piedra sobre la que uno de los canteros grabó una cuchara para burlarnos del novio y puso cuatro letras en ella: A. D. L. L., Aiken Drum’s Lang Ladle, es decir, la Gran Cuchara de Aiken Drum, porque Aiken era uno de los más grandes tragones de sopa de col rizada de Fife.