El anticuario
El anticuario Lovel pensó que ésta era una excelente contrapartida de la historia de Kiep on this syde[41]. Después se aventuró a lanzar una mirada a nuestro anticuario, pero la apartó por pura compasión; ya que, estimado lector, le puedo asegurar que la expresión de Jonathan Oldbuck de Monkbarns no parecía más sabia que la de una dama de dieciséis años cuya historia de amor verdadero salta por los aires al hacer un descubrimiento inoportuno, ni menos desconcertada que la de un niño de diez años cuyo castillo de naipes se derrumba tras ser golpeado por un compañero malvado.
—Debe tratarse de un error —dijo dándole la espalda bruscamente al mendigo.
—Que me lleve el diablo si me equivoco —contestó el testarudo mendigo—. No me entrometería si no estuviese seguro, las dudas siempre traen desventuras. Bueno, Monkbarns, al joven caballero que le acompaña no le preocupa un viejo como yo; pero apuesto a que puedo decirle dónde estuvo ayer al anochecer, a no ser que no quiera hablar de ello en público.
La sangre de Lovel afluyó a sus mejillas con el vivo rubor de sus veintidós años.