El anticuario
El anticuario —Él fue soldado en la compañÃa de mi padre, señor —respondió Hector—, y además, un dÃa en que estuve a punto de cometer una locura, él intercedió para evitarlo y me dio muy sabios consejos, señor, tal y como usted mismo habrÃa hecho.
—Y me atrevo a jurar que sus consejos surtieron el mismo efecto que los mÃos, ¿a que sÃ, Hector? Vamos, confiesa que cayeron en saco roto.
—Asà fue, señor, pero mi estupidez no es razón para que esté menos agradecido por su amabilidad.
—¡Bravo, Hector! Eso es lo más sensato que has dicho en la vida. No obstante, te ruego que me comuniques tus planes sin reservas porque iré contigo a Fairport, sobrino. Estoy seguro de que el pobre hombre no es culpable, y yo podré ayudarle a salir del embrollo con mayor eficacia que tú. Además, te ahorrarás media guinea, consideración ésta que debes tener presente con mayor frecuencia.